No es solo una recuperación, es de nuevo una reconversión

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Es preciso que separemos actividades que se han convertido en inviables y las redirijamos hacia otras que ofrezcan futuro

España vive ahora una situación en muchos sentidos similar a la que afrontó hace medio siglo. En aquella ocasión se enfrentó a un duro proceso de reconversión, que afectó especialmente a los sectores de la industria pesada como la siderurgia, el naval o la minería, y a otros de industria manufacturera, como el textil.

No fue un caso aislado en Europa. La OCDE, a partir de 1975, dedicó gran atención a las políticas que se aplicaron en la práctica totalidad de las economías de los países industrializados para tratar de encontrar un reemplazo a estas actividades que durante décadas habían garantizado a muchas personas empleo, a muchas ciudades y regiones prosperidad.

Hubo que llevar a cabo tratamientos de choque intensivos y a corto plazo, con el objeto de reformar las industrias más afectadas por la crisis. Cierres de instalaciones y durísimos ajustes de plantillas laborales. En paralelo, la reconversión hizo un gran esfuerzo de adaptación al nuevo ciclo tecnológico y al mercado, aplicando nuevos sistemas de organización y gestión (la apuesta por la calidad se remonta a esta misma época) y también al impulso de nuevos sectores de actividad. Es imposible en el espacio de estas líneas hacer un balance de aquellas medidas, que han dejado luces y sombras, resultados desiguales por sectores y por territorios.

Este año 2021 es, de nuevo, un año crítico para nuestro futuro. Por una parte, la gravedad de la crisis ha afectado prácticamente a todos los sectores económicos (aunque de manera muy desigual), dejando a un número considerable de empresas en situación crítica. Por otra, se han acelerado en estos últimos meses tendencias de cambio, que hacen preciso transformar con urgencia y con decisión una parte importante de nuestros sectores industriales (automoción, aeronáutica, energía…).

Nos enfrentamos a otro duro periodo que ahora llamamos de transformación o de recuperación, quizá por no resucitar los fantasmas de duros enfrentamientos sociales que muchos todavía recuerdan de los años de reconversión. Pero la elección de las palabras no debería distraernos de lo que llevan en el fondo. Sería un grave error utilizar los fondos extraordinarios de estímulo y modernización de la economía habilitados por la Unión Europea como un café para todos.

Por duras que sean las consecuencias a corto plazo, es preciso que separemos aquellas actividades que en estos últimos meses se han convertido en inviables a medio y largo plazo, y abordemos un proceso de reconversión de las mismas hacia actividades de futuro, alineadas con las palancas de transformación a las que debe dirigirse el país. Utilizar las ayudas para mantener artificialmente con vida estas actividades abocadas a su desaparición sería pan para hoy y hambre para mañana. Esto implica acompañar, en lo posible, a muchas empresas en esta transformación hacia la producción de bienes y servicios de futuro y evitar así su cierre. Nos faltan empresas que creen empleo, y merece la pena intentar acompañar a aquellas que se enfrentan a cambios estructurales para realizar esos cambios y evitar así en lo posible su cierre. No es preciso insistir en lo doloroso que es destruir empleo si se tiene en cuenta lo difícil que resulta crearlo en nuestro país.

Incluso en empresas con capacidad de afrontar la transformación que nos espera, es un momento de impulsar con decisión proyectos de innovación, en todos los niveles, para reforzar su competitividad. Y ese esfuerzo en la empresa tiene que contar con el pleno apoyo de las entidades científico-tecnológicas. Todo el sistema de I+D+i debe afrontar también su propio proceso de reconversión. No basta con aportar fondos adicionales, es necesario aprovechar este impulso para transformar y reforzar la orientación hacia las necesidades del tejido productivo.

Será fundamental una estrecha colaboración público-privada, y un amplio soporte social, para que esta nueva reconversión salga adelante con éxito. Es vital que la Administración tenga un papel activo en la creación de nuevos mercados, las empresas aborden con decisión procesos de cambio y las personas se formen para adaptarse

Hace 50 años, políticos, empresarios, sindicatos, sociedad civil, se enfrentaron con coraje a las decisiones que les correspondía tomar, y las implantaron sin que les temblara el pulso. Nos toca ahora a nosotros mejorar gracias a esa experiencia. Tenemos que estar a la altura, aprender de nuestros aciertos, evitar nuestros errores de la última gran reconversión.

 Grupo de reflexión de AMETIC