Ante la aparente divergencia entre las vocaciones STEM y su valor en el mercado laboral

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“Existen al menos 10.000 empleos vacantes en el sector tecnológico en España por falta de cualificación, y se calcula que entre 2017 y 2022 la digitalización será la responsable de la creación de 1.250.000 empleos en España”. Este resultado se desprende de una reciente encuesta realizada a empresas del sector tecnológico y visibiliza la necesidad de perfiles profesionales alineados con la economía digital, especialistas en Inteligencia Artificial, automatización de procesos, así como en la cada vez más presente interacción entre las personas y las máquinas. La realización de este tipo de tareas precisa mayormente de formación  en materias como las Matemáticas, Ingeniería, Física y Tecnología – las llamadas vocaciones STEM. Paradójicamente, el número de alumnos y alumnas que escogen este tipo de formaciones está disminuyendo de modo alarmante. El Ministerio de Educación ha alertado sobre un descenso del 28% (33% de chicas y 26% en chicos) de los jóvenes matriculados en estas disciplinas en los últimos años.

¿Qué está detrás de esta divergencia entre las necesidades de vocaciones STEM y la falta de apuesta  de nuestros jóvenes por estas disciplinas? Sin duda no hay un único motivo, pero varios estudios recientes basados en encuestas dirigidas a alumnado, profesorado y directores de institutos arrojan algunas claves interesantes: En primer lugar, la dificultad percibida por los estudiantes les aparta de la formación en estas disciplinas - el 50% de los alumnos entrevistados que cursan la ESO no se ven capacitados para culminar con éxito una formación superior en estas disciplinas. Y esta percepción sobre la falta de capacitación es aún superior en las chicas. En “The ABC of Gender Equality in Education: Aptitude, Behaviour, Confidence”, de la OCDE, se concluye que las razones que en general afectan a que las chicas adolescentes no escojan este tipo de disciplinas son (i) la falta de confianza en sí mismas sobre las mismas, (ii) la escasa orientación social de estas disciplinas, y (iii) la influencia de normas y estereotipos  sociales, que entienden estas áreas como masculinas. Abundando en el primer motivo, el informe PISA de 2015 revela para la práctica totalidad de los países participantes que el grado de ansiedad de las chicas de 15 años frente a las matemáticas es más del doble de la de sus compañeros varones. Esto sin duda aleja a las chicas de la  especialización en estas materias. 

Las respuestas de los profesores y directores de institutos invitan también a la reflexión, pues certifican una importante falta de competencias de gran parte del profesorado para la enseñanza de estas disciplinas. Unicamente el  3% de los profesores entrevistados había escogido estas disciplinas en su formación como profesor/a, y una clara mayoría de profesores certifican que la formación adquirida en estas disciplinas no fue suficiente. Además, el 86%  de los profesores expresan una falta de formación en herramientas TIC, y prácticamente la mitad opina que, si bien consideran que  las competencias computacionales debieran ir introduciéndose de modo transversal en el aula desde primaria, ellos no sabrían cómo hacerlo.

Todos recordamos profesoras y profesores excelentes en nuestra adolescencia, que sin duda influyeron poderosamente en que nos gustaran sus asignaturas. A todos ellos les unen dos rasgos comunes -  su adecuada formación y el entusiasmo en lo que transmiten. Es muy difícil que nuestros jóvenes se sientan atraídos por estas disciplinas si el profesorado no puede transmitir entusiasmo por ellas, bien por falta de capacitación o por falta de conocimiento adquirido en su formación. Es posible que la revolución inteligente esté imponiendo cambios sustanciales y relativamente urgentes en las fases educativas tempranas para los que nuestro profesorado no está debidamente capacitado. Ante esta revolución, además, se precisa de una colaboración cercana y continuada entre la escuela y los profesionales del sector tecnológico. Iniciativas incipientes como talleres prácticos en los que los profesionales del sector transmiten a los alumnos las potencialidades de las tecnologías para el bienestar social están dando muy buenos resultados. Pero éstas están atomizadas, y hace falta que adquieran una relevancia mucho mayor y más articulada.

La falta de vocaciones STEM no es exclusivo de nuestro país, sino que es un tema que preocupa y ocupa a muchos de los países de nuestro entorno. Pero algunos de los países que mejores resultados obtienen en las competencias de Matemáticas y Ciencias en los informes PISA, como Estonia, Finlandia o Singapur, dedican enormes esfuerzos en la formación y capacitación continua de su profesorado en las disciplinas STEM.

Es necesario actuar para aumentar las vocaciones STEM entre nuestros chicos y chicas jóvenes desde edades tempranas. Para ello, es necesario introducir herramientas tecnológicas – computacionales, robóticas, etc,  mediante juegos que interesen también a las niñas ya desde Primaria, como materias transversales,  y que se articule una colaboración estable y bien definida entre las empresas del sector y las escuelas, destacando su potencialidad en la mejora del bienestar social.  Pero no es posible avanzar en esta dirección si nuestro profesorado no está debidamente formado para liderar estos cambios. Es imprescindible impulsar un Plan Nacional de Formación y Reciclaje en Nuevas Tecnologías, que dote a nuestro profesorado actual de una capacitación adecuada. Y para los futuros profesores, se ha de abordar una reflexión profunda sobre la formación que éstos están recibiendo y si ésta está alineada con los retos que las tecnologías inteligentes están poniendo sobre la mesa en nuestra sociedad.