La inteligencia artificial, en fase decisiva: claves del AI Summit 2026 de AMETIC

Durante dos jornadas, los días 15 y 16 de abril, Madrid acogió la novena edición del AMETIC Artificial Intelligence Summit, el principal foro profesional sobre inteligencia artificial en España. Representantes institucionales, líderes empresariales, investigadores y expertos del sector compartieron un diagnóstico común: el debate sobre IA ha cambiado de naturaleza. Ya no es tecnológico. Es estratégico, político, económico y, sobre todo, urgente.

Lo que sigue es una crónica de los grandes temas, las voces más relevantes y las ideas que definieron el encuentro.

«El debate ya no es tecnológico, es estratégico»

La novena edición arrancó con una declaración de intenciones clara. Francisco Hortigüela Martos, presidente de AMETIC, abrió el Summit con un mensaje que recorrió las dos jornadas:

«La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa para convertirse en una carrera de transformación que está cambiando la forma en la que trabajamos, tomamos decisiones y generamos valor. Hoy el debate ya no es tecnológico, es estratégico.»

Y añadió: «Ya no nos preguntamos si debemos adoptar la inteligencia artificial, sino cómo hacerlo bien: cómo llevarla a escala, cómo integrarla con seguridad y confianza y cómo convertir la innovación en valor real.»

Jordi Garcia Brustenga, secretario de Estado de Industria del Ministerio de Industria y Turismo, compartió el tono desde el primer momento: «Estamos en un momento de muchos cambios, también de oportunidades, y la inteligencia artificial es un cambio que va a llegar sí o sí.» Y añadió una referencia que no pasó desapercibida: «Si el crecimiento del PIB de Estados Unidos está en gran parte explicado por la inteligencia artificial, será por algo.»

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El punto de partida del Summit era, por tanto, el siguiente: la tecnología existe, está disponible y funciona. La pregunta es qué hacemos con ella.

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Del piloto a la producción: donde se gana o se pierde

Uno de los ejes más recurrentes de la primera jornada fue la brecha entre experimentar y ejecutar. Isaac Hernández, Country Manager de Google Cloud para España y Portugal, lo formuló con una imagen que dejó huella en la sala:

«Estamos en el momento adecuado para la inteligencia artificial, un momento comparable a la invención de la electricidad o del fuego.»

Pero inmediatamente situó el reto real: «El problema no es hacer pilotos, que se pueden hacer en horas, sino llevarlos a producción y a escala con seguridad y eficiencia.» Y fue directo sobre dónde está el verdadero obstáculo: «La tecnología está preparada; el reto está en la cultura, en las personas y en cómo abordar ese proceso de cambio dentro de las organizaciones.»

Esta idea -que el principal freno a la IA no es técnico sino organizativo y cultural- fue uno de los consensos más sólidos del encuentro. La IA no falla en el laboratorio. Falla en la escala, en la integración real con los procesos, en la capacidad de las organizaciones para acompañar el cambio.

Jeff Bullwinkel, VP y Deputy General Counsel de Microsoft, añadió la dimensión geopolítica a este análisis. En un contexto de alta volatilidad internacional, la confianza se convierte en infraestructura: «La confianza no se construye en días o semanas, sino a lo largo de años y décadas.» Y subrayó que la soberanía tecnológica no es un concepto abstracto, sino «la garantía de que la tecnología sea fiable y resiliente bajo presión.» Microsoft, recordó, tiene previsto superar los 200 centros de datos en más de 16 países europeos, incluyendo España.

La IA en sectores estratégicos: casos reales, no promesas

La tarde de la primera jornada bajó del plano conceptual al terreno concreto. Distintas intervenciones mostraron cómo la IA se está aplicando ya en salud, administración pública, industria y experiencia de usuario.

Petia Radeva, profesora de la Universitat de Barcelona, analizó el potencial transformador de la IA en el diagnóstico médico y la gestión de sistemas sanitarios. No como posibilidad futura, sino como realidad en marcha.

David Alonso Nieto, vicepresidente de Samsung España, ofreció uno de los ejemplos más cotidianos y eficaces del día: «La inteligencia artificial está mejorando la productividad cuando se incorpora de forma muy natural a procesos o tareas que estamos realizando de manera cotidiana.» El ejemplo del médico que graba su consulta y obtiene un resumen automático con los puntos clave ilustra bien cómo la IA no tiene por qué ser disruptiva para ser transformadora.

Ana Alonso Muñumer, vicepresidenta senior de Salesforce para el suroeste de Europa, fue más ambiciosa en su proyección:

«La inteligencia artificial agéntica supone una revolución comparable a la llegada del móvil, una tecnología que pasó de ser algo nuevo a convertirse en imprescindible tanto en la vida personal como en la empresarial. En los próximos años cualquier organización será una organización agéntica, independientemente del sector.»

Y planteó el verdadero interrogante estratégico para las empresas: «La cuestión no es si sustituimos software o reducimos costes, sino dónde ponemos el foco: en reemplazar tecnología o en utilizar la inteligencia artificial para generar valor, diferenciación y crecimiento.»

Jordi Garcia Castillón, Chief AI Scientist de CibraLAB – AI & Cybersecurity Research Lab, profundizó en lo que implica una IA «soberana y autónoma»: «La inteligencia artificial no es el futuro, es una infraestructura crítica y de uso dual que ya está tomando decisiones por nosotros y tomará más en el futuro, por lo que el reto no es qué puede hacer, sino en qué podemos confiar de lo que hace.»

Infraestructuras: el problema que nadie quiere nombrar

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La jornada del 15 de abril la cerró Juan Alfonso Ruiz Molina, consejero de Hacienda, Administraciones Públicas y Transformación Digital de Castilla-La Mancha, con una reflexión que introdujo una variable incómoda pero necesaria en el debate:

«La inteligencia artificial necesita centros de datos y tenemos un problema con la electrificación. Curiosamente, en Castilla-La Mancha, siendo una de las comunidades autónomas que más energía verde genera, no tenemos capacidad suficiente de electrificación. Si no damos respuesta, vamos a perder oportunidades de inversión.»

Sin infraestructura energética y digital sólida, no hay IA escalable. Es una de las verdades más incómodas —y más importantes— del Summit: el talento y la estrategia no bastan si la base no está construida.

Jornada 2: España quiere ser desarrolladora, no usuaria

La segunda jornada arrancó con una mesa de apertura de alto perfil: Francisco Hortigüela, el ministro para la Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública Óscar López, y Luis Isasi, presidente de Santander España. Tres perspectivas —institucional, política y empresarial— que convergieron en un mismo diagnóstico.

Óscar López situó a España en el mapa global con un dato contundente: «España es el país número 7 del mundo en adopción de inteligencia artificial.» Y añadió otro que refuerza la base desde la que parte el país: «Somos el segundo país del mundo en titulados TIC, solo por detrás de Estados Unidos. Talento, formación y capacidad: los números son espectaculares.»

Pero el ministro fue más allá del dato. Definió el modelo que España quiere construir:

«No queremos ser un país de usuarios, sino de desarrolladores.»

Para ello, el ministro recordó que España cuenta con una estrategia de inteligencia artificial dotada con 1.500 millones de euros, y que infraestructuras como la supercomputación permitirán que pymes y autónomos accedan a capacidades que, de otro modo, estarían fuera de su alcance. También señaló el reto energético como uno de los grandes condicionantes del desarrollo de la IA a escala.

Luis Isasi, por su parte, fue directo sobre el dilema que enfrentan las organizaciones hoy:

«La inteligencia artificial no es una capa adicional en la digitalización, sino una revolución llamada a redefinir la creación de valor en todos los sectores. La diferencia entre experimentar e integrar determinará quién gana competitividad y quién la pierde.»

Y añadió una advertencia sobre Europa: el reto no es de diagnóstico, sino de velocidad y escala en la ejecución, en un contexto marcado por la fragmentación empresarial y la insuficiente inversión privada en innovación.

Francisco Hortigüela Martos cerró su intervención con una idea que funcionó como hilo conductor de toda la jornada: «Sin una verdadera economía del dato no habrá una inteligencia artificial competitiva ni soberana. El reto ya no es el diagnóstico, sino la ejecución. La IA constituye una política de Estado y una oportunidad histórica.»

De la IA generativa a los agentes: el siguiente salto

Una de las conversaciones más técnicas —y más estratégicas— de la segunda jornada fue la que giró en torno a la evolución desde la IA generativa hacia los sistemas agénticos. Un salto cualitativo que varios ponentes coincidieron en señalar como el verdadero punto de inflexión.

Carlos Milán Figueredo, Principal Solutions Architect de Amazon Web Services (AWS), lo describió con precisión: «Hemos pasado de sistemas que generaban contenido a sistemas que cumplen objetivos, capaces de razonar, planificar y actuar de forma autónoma o semiautónoma, lo que permite interactuar con la tecnología en lenguaje natural sin necesidad de conocimientos técnicos.»

Oscar Macia, VP de Sage, fue especialmente directo sobre lo que esto significa para el tejido empresarial: «Estamos viviendo un momento total y absolutamente histórico y el impacto en las pymes es muy real, no es una moda. Los que piensan que lo es no han entendido nada. Estamos entrando en la era de la IA agéntica, una inteligencia artificial que va a hacer cosas por nosotros y va a tener un impacto económico real.»

Marcos Alonso, especialista en ética tecnológica, ofreció el contrapunto necesario: «La tecnología trae consigo un gran poder, pero también tremendos peligros y posibles perjuicios. El reto no es rechazarla, sino entenderla y decidir cómo queremos integrarla en nuestra sociedad.»

La paradoja de la productividad: ¿dónde está el retorno?

Una de las intervenciones más incisivas del Summit fue la de Senén Barro Ameneiro, director del CiTIUS – Centro Singular de Investigación en Tecnoloxías Intelixentes, quien introdujo una reflexión que incomodó por su honestidad:

«Estamos viendo la inteligencia artificial en todas partes, pero no con el retorno de inversión ni el incremento de productividad que se viene anunciando.»

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Barro habló de una «segunda paradoja de Solow»: la inversión crece, el despliegue se acelera, pero el impacto en productividad no termina de materializarse. Y añadió una proyección que ilustra la escala del reto: «Si se mantiene el ritmo actual, en los próximos cinco años los datos necesarios para entrenar modelos se multiplicarán por 180 y la capacidad de las máquinas para realizar tareas autónomas crecerá de forma exponencial.»

También alertó sobre los riesgos más difusos pero igualmente relevantes: «Profesiones que pensábamos a salvo de la automatización, como las creativas, están empezando a verse afectadas.» Y apuntó a un riesgo de largo plazo: «La delegación en las máquinas puede hacernos perder capacidades cognitivas, especialmente en las generaciones más jóvenes.»

Regulación, estandarización y supervisión: tres palancas, no tres frenos

Transversal a las dos jornadas estuvo el debate sobre gobernanza. Y uno de los consensos más claros del Summit fue este: la regulación no es el enemigo de la innovación. Es su condición de posibilidad.

El ministro Óscar López lo formuló con claridad: «La regulación será el elemento que permita a la IA europea y española construir ese hecho diferencial basado en la confianza.» Y advirtió de los riesgos de un vacío normativo global: «Sin normas internacionales, el espacio digital podría acabar concentrado en manos de unos pocos actores.»

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La sesión sobre estandarización y supervisión, con la participación de la Asociación Española de Normalización (UNE) y la AESIA – Agencia Española de Supervisión de Inteligencia Artificial, profundizó en los marcos concretos que deben acompañar el despliegue responsable de esta tecnología. El modelo europeo —basado en confianza, transparencia y responsabilidad— se presenta no como una restricción competitiva, sino como una ventaja diferencial en un mercado global que empieza a demandar precisamente esas garantías.

El cierre: una IA útil, regulada y con propósito

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Miguel López-Valverde Argüeso, consejero de Digitalización de la Comunidad de Madrid, fue el encargado de clausurar el AMETIC AI Summit 2026. Y lo hizo con una síntesis que resume bien el espíritu de las dos jornadas:

«Si algo ha quedado claro durante estas dos jornadas es que la inteligencia artificial ya no es una promesa de futuro, es algo actual, una realidad madura, transversal e imprescindible para la competitividad económica, el crecimiento empresarial y el liderazgo industrial.»

Y añadió la dimensión que va más allá de la eficiencia: «El valor de esta tecnología no se mide únicamente en eficiencia o rentabilidad, sino también en confianza, seguridad y propósito.»

Sobre el talento, fue claro: «La automatización inteligente no elimina talento, lo transforma.» Lo que exige, según el consejero, políticas activas de formación y recualificación, no solo inversión tecnológica.

Lo que nos llevamos del AI Summit 2026

El AMETIC AI Summit 2026 cierra con un mensaje que no admite matices: la inteligencia artificial ha dejado de ser una conversación para convertirse en una carrera. Una carrera en la que España parte con activos reales —talento, posición en adopción, inversión pública, liderazgo regulatorio europeo— pero en la que el ritmo de ejecución lo es todo.

Los grandes aprendizajes del encuentro se pueden resumir en cuatro ideas:

  • La IA alcanza su valor cuando se integra, no cuando se experimenta. El piloto no transforma nada. La integración estructural en los procesos de negocio, sí.
  • Regulación e innovación no son opuestas; son complementarias. El marco normativo europeo no frena la IA: construye la confianza que la hace sostenible y diferencial.
  • El reto energético e infraestructural es tan urgente como el tecnológico. Sin base sólida —energética, computacional, de datos— no hay IA escalable ni soberana.
  • Es el momento de pasar de la conversación a la acción. El diagnóstico está hecho. Lo que distinguirá a los líderes de los rezagados en los próximos años no será lo que saben sobre IA, sino lo que son capaces de hacer con ella.

Desde AMETIC, seguimos trabajando para que España y Europa lideren esa transición con ambición, responsabilidad y visión de largo plazo.

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