El futuro está en los polos de innovación en red

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Cada vez es más patente la necesidad de desarrollar un articulación territorial.

El aumento exponencial de la capacidad de proceso de los ordenadores y el aumento de las memorias donde se almacenan sus datos ha propiciado el desarrollo de la inteligencia artificial y el big data. Este hecho ha creado las tecnologías digitales que, junto al desarrollo de las telecomunicaciones, en especial el 5G, propicia la aparición de la cuarta revolución industrial.

Esta revolución conduce a un proceso de digitalización en todos los ámbitos de la vida y, sobre todo, en el mundo empresarial, lo que provoca la aparición de numerosas empresas innovadoras.

El sistema de innovación español que está representado por las entidades que utilizan el conocimiento para la generación de nuevos productos y servicios se ha visto alterado por estas nuevas empresas que se desarrollan a través de las tecnologías digitales y que influyen en sectores como la salud, las smart cities, los coches autónomos y conectados, la confianza en internet –como el blockchain– y otros sectores económicos.

Estas empresas se ubican en el territorio en entornos como Madrid, Barcelona, Málaga, Bilbao-San Sebastián-Vitoria, Gijón-Oviedo-Avilés, Valencia-Alicante-Elche, Vigo-Santiago de Compostela-La Coruña y también en los distintos parques científicos y tecnológicos que jalonan el país constituyendo polos de innovación.

El objetivo final de estos polos de innovación es que haya más empresas y entidades de este tipo por todo el territorio nacional que lideren la transformación digital. Lo relevante es la interconexión y la masa crítica, de modo que para que exista masa crítica es necesario que haya confluencia de personas y medios en un lugar físico, y otros actores físicamente alejados del polo puedan beneficiarse como partes activas de él siempre que haya una conexión telemática e interrelación personal.

En cada uno de estos polos de innovación actúan sobre estas empresas diversos agentes como son las asociaciones empresariales, los parques científicos y tecnológicos, los clústeres, las plataformas tecnológicas, los livings labs y desde 2016 los Digital Innovation Hubs.

Estos agentes del sistema de innovación han ido cuajando de distinta manera en los polos de innovación, de forma que en alguno de ellos conviven todas las tipologías y en otros, casi ninguno, lo que hace que las empresas pertenezcan a varios de ellos o a ninguno.

Por otra parte, la existencia de estos agentes es un gran valor de nuestro sistema de innovación porque se configuran como organismos intermedios entre las políticas públicas de innovación y las propias empresas y configuran un nuevo modelo para vertebrar este sistema. La proximidad de estos agentes a las empresas es un plus que facilita la eficacia en la ejecución de las políticas públicas. Esto implica que estos agentes se coordinen y cooperen tanto a nivel local en los polos de innovación cómo en su funcionamiento en red.

La UE está planteando un modelo parecido al descrito anteriormente en el próximo programa marco Horizonte Europa, donde promueve la creación de superestructuras en red de proximidad local a la pyme, pero con vocación europea.

En este sentido cada vez se hace más patente la necesidad de desarrollar una articulación territorial entre los polos de innovación en la que exista un mayor aprovechamiento de las capacidades distribuidas y servicios complementarios de estos agentes, de forma que se capilaricen al máximo número posible de entidades potencialmente beneficiarias. De esta forma, la transformación digital de las empresas y entidades podrá ser un objetivo al alcance de ellas en nuestro país y también el aumento de la capacidad de estas para ser más competitivas.

Por todo lo anterior se hace necesaria una mayor colaboración entre las distintas redes existentes en estos polos de innovación, pero también existe una nueva forma de coordinación facilitando el que los polos de innovación, de una forma menos burocrática, interactúan entre ellos a través de personas concretas, eliminando barreras facilitando la cooperación.

Se necesita realizar un ejercicio donde todas las redes hagan una reflexión estratégica y vean si tanto ellas como sus miembros están preparados para el nuevo marco europeo Horizonte Europa y las directrices que promueve con la creación del mercado único digital, así como con la cuarta revolución industrial y la transformación que tiene que suponer para todo el tejido industrial español.

Si hace 30 años la competitividad empresarial pasaba por el acercamiento a internet, hoy la competitividad solo se consigue con la transformación digital del máximo número posible de empresas y entidades, la adopción del mayor número de tecnologías disruptivas y la internacionalización de su actividad.

Son objetivos muy ambiciosos que solo se consiguen con la unión y colaboración de todos los agentes del sistema español de innovación que integran los distintos polos de innovación que hay distribuidos por el país, y conectados en una red telemática, donde las personas puedan, a modo de red neuronal, ser mucho más eficientes y además ser capaces de vertebrar el sistema de innovación.

La nueva transformación de este sistema está cada vez más ligada al desarrollo de los polos de innovación y para que estos puedan crecer hay que buscar nuevos instrumentos que permitan su crecimiento.

Las políticas de innovación nacionales tienen la oportunidad de crearlos a partir del desarrollo de macroproyectos tractores por los que ya está abogando Ametic en el marco de la CEOE. Estos grandes proyectos se desarrollarían en campos donde España pueda lograr una posición de ventaja competitiva a nivel internacional o donde exista un mercado en expansión; darían respuesta a problemas estructurales a medio y largo plazo, y en ellos la digitalización supondría una transformación profunda de los modelos actuales, estarían liderados por la industria y contarían además con la implicación del sector público.

En definitiva, en esta carrera hacia la transformación digital y la 4ª revolución industrial, un nuevo enfoque consiste en desarrollar el trabajo en red de todos y cada uno de los agentes que interactúan en el sistema, facilitando un nuevo concepto de red más orientada a la interacción personal y donde las políticas públicas definan macroproyectos que permitan vertebrar el sistema de innovación español a través de los polos de innovación y hacerlos crecer.